Granada por una Nueva Cultura del Territorio

Huertas Bajas de Loja; cuando la agricultura ecológica se hace a sí misma

Una larga experiencia seria y realista

Domingo 6 de julio de 2014 por Veguita de Graná

Visitamos la finca "Huertas Bajas" de Loja; me llevo buena impresión. Sus propietarios se han hecho a sí mismos a base de ir aprendiendo muy bien el manejo de la tierra, de las plagas, del abonado, la rotación de cultivos y de la búsqeuda de clientes. Pepe Aguilera, uno de los agricultores de esta empresa, explica a unos 25 visitantes lo que hay que tener en cuenta para que el agricultor ecológico salga adelante.
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Pepe Aguilera, de Huertas Bajas, con los visitantes. Al fondo Loja, los Pinos y la Cruz

Paco Cáceres. veguitadegrana@gmail.com

Personas de la futura cooperativa de agricultura ecológica que quieren formar agricultores de la Vega, fundamentalmente de Cúllar Vega, comentan la visita que, organizada por el IFAPA, se hará a una finca lojeña. Me sumo a ella acompañando a Antonio Hurtado, agricultor y amigo que, me sorprende siempre, con sus setenta y tantos años está dispuesto a ir donde haga falta a aprender, a apoyar, a meterse en experiencias cooperativas… “Lo que yo pueda hacer por la Vega siempre lo haré”, suelo decirme Antonio con frecuencia.

A las ocho de la mañana vamos camino de Loja unas 25 personas; la gran mayoría de ellas jóvenes. La finca se llama Huertas Bajas, la persona que nos atiende es Pepe Aguilera. Me siento como en casa, aquí nací y de niño-adolescente recorrí estas huertas y el río Genil. Veo Loja al fondo, el Hacho, la Cruz, los Pinos… Esos montes y lugares que tanto recorría una y otra vez en mis años mozos.

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Crear infraestructuras agrarias fue haciéndose poco a poco. Pepe Aguilera, a la izquierda de la imagen, responde las preguntas que se le hacen

Estábamos solos y sin salidas

Pepe Aguilera explica a las mil maravillas. Más de veinte años sacando adelante esta vega lojeña. Con su padre, con su abuelo; y ahora con su hermano y hermana. Me llama la atención su realismo y seriedad. Empezaron con siete hectáreas y ya llevan unas cincuenta. Más de veinte años; nos cuenta que al principio “estábamos solos y no había salidas”. Hicieron camino buscando clientes, buscando mercado donde llevar sus sandías, melones, espinacas, papas, ajos, espárragos y otros muchos productos de la tierra.

Habla de los mercados locales, de proximidad, si bien sólo destinan un 10% a este mercado, siendo su grueso de ventas, el 90% a Reino Unido, Alemania, Dinamarca… “En otro tiempo se decía al meter los productos en cajas, abajo lo que esté con peor cara y arriba lo bueno. Ya ha cambiado eso, ahora los clientes son muy exigentes y tenemos que ofrecer lo mejor arriba y abajo, lo que no tiene buena pinta lo descartamos”.

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Esta empresa crea entre 25 a 30 puestos de trabajo durante seis meses

“Al principio todo era muy lento. No teníamos clientes, ni estructuras… Ahora, con lo que hemos aprendido tenemos como objetivo no jugar a la lotería. Nosotros hablamos con nuestros clientes y sembramos aquello en lo que hay demanda. Tenemos muy claro qué tenemos que hacer y cuáles son nuestras limitaciones”. Había gente que le llegaba con la cosecha para que intentara buscarle mercado. ”Me decían; ¿puedes buscarle salida a mis melones? Y yo les decía; ¿y por qué los sembraste?”. Sembraban a ciegas y después, pues eso de la lotería, y como no tocaba recurrían a Pepe.

Pasito a pasito, pero nada de aventuras

Estos hermanos Aguilera van sobre seguro, “nunca le pido a un banco si no tengo seguro que la cosa saldrá bien”. Nada de aventuras. Pasito a pasito. Hoy son un ejemplo en esto de la agricultura ecológica y de una empresa seria. Eso sí, con muchas horas a la espalda; “Sí tenemos algunos días de vacaciones, pero yo llevo seis meses trabajando, sin parar ni sábados ni domingos.

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Ajos castellanos con muy buen aspecto

De Londres, de Dinamarca, los alemanes, vienen aquí y ven la finca, inspeccionan para asegurarse de que los productos son realmente ecológicos. Y hasta ahora todo bien. “Yo les pongo entre los documentos que me piden, los propios análisis que encargamos nosotros”.

En esto de la agricultura ecológica, y la que no también, hace falta una buena logística. “Nosotros somos agricultores, y lo que no podemos ser también es expertos en logística, por eso, muchas veces le encargamos el transporte a empresas que están especializadas en el reparto. La logística es muy importante hasta a nivel local. Muchas empresas caen por eso, por un mal diseño en esto”.

Conocimientos del suelo donde siembran como forma de controlar las plagas

Pepe habla con soltura de la rotación de cultivos, de cómo con una buena rotación se enriquece el suelo y se impide incluso la aparición de plagas. Habla de larvas y gusanos con su nombre científico, conoce la fauna de la tierra para saber cómo eludirla. “Cuando veo que están en periodo larvario veo que me da tiempo a sembrar y recoger tal o cual producto antes de que salga el gusano”. Es decir, sabe cómo ganarle la partida. Me quedo con la boca abierta cuando veo los conocimientos profundos que tiene del suelo sobre el que siembra. Claro, así sabe cómo combatir a estos “enemigos”, que trata con un lenguaje respetuoso… “llevan aquí en estos suelos miles de años”. Después a preguntas de los visitantes va desgranando todas las técnicas, aparte de la rotación de cultivos y el conocimiento, que se necesitan para controlar las plagas, para conseguir que se crie un buen producto. También habla de las distintas clases de estiércol, de las mezclas, del compost, de… Habla de las empresas en las que tiene confianza… Las preguntas se van desgranando y las respuestas son pausadas, pensadas, con la experiencia de estos más de veinte años pintando cada una de sus palabras.

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Calabazas y sandías. Al fondo el Hacho, lugar donde se divida toda la Vega de Genil en Granada

Visitamos el campo de sandías

Las matas de sandía en los surcos, la acequia corriendo al lado, un sol, que aunque estamos en julio, no quema y al fondo el Hacho, mi querido Hacho, monte desde que contemplaba la Vega e incluso las primeras casas del Polígono de Cartuja de Granada. Entonces tenía la vista más entonada y unos prismáticos que compre con mis ahorrillos. Recuerdo una vez que lucía el sol allá en el pico y la Vega estaba cubierta de una niebla intensa… El mar verde se convirtió en un mar blanco… Hablaba de las sandías, pero Loja, mi Loja me llena de recuerdos y me distrae un poco… “Con la exportación empecé a aprender. Había que ofrecer buenos productos y adaptarse a cada uno de los clientes, ingleses, alemanes o daneses son muy distintos, cada cual tiene un grado de exigencia. El mercado local suele ser más razonable”.

Le preguntan a Pepe sobre productividad, gastos, ganancias… Va describiendo producto a producto. ¿Y cuántos puestos de trabajo se crean? “Durante seis meses entre 25 a 30 personas tienen trabajo en “Huertas Bajas”; que si regar, que si quitartle las hierbas a las cebollas, envasar los ajos, el tractor…” En el almacén tiene cámara frigorífica y maquinaria para envasar los espárragos, uno de sus productos más demandados.

Cosa que siembro cosa que tengo colocada

Pepe sigue remarcando; “Cosa que siembro, cosa que tengo colocada. Voy a tiro hecho. Yo he vivido desde chico que te deslomabas y venían y venían unos señores con el mercedes, la gancha y el sombrero y te querían comprar el producto a precios ruinosos”. Por eso Pepe y sus hermanos planifican, cierran precios, cultivan lo que le comprarán los clientes. Nada de lotería. No se puede estar en manos de unos desaprensivos que viven del trabajo ajeno. “Lo dicho, es muy importante la logística y lo que siembras tiene que estar confirmado con la demanda. Y esa demanda a nivel local… Pepe dice que tendrían que abrirse más tiendas de productos ecológicos, pero reafirma; “nosotros somos agricultores, no podemos abordar todo lo de la logística o los puntos de venta. Podemos tener malas experiencias con eso.

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Los visitantes siguen enriqueciéndose con las expllicaciones de Pepe. El IFAPA ha sido el organizador de esta visita

Tres horas después nos despedimos de Pepe, de la acequia, de las sandías, de la Loja del fondo, el Haccho y la Cruz… ¡Cuánto de niño tengo desparramado por estos suelos de vega, por los sotos del Genil…! “Mira, un poco más allá están los Infiernos de Loja. Un día tenemos que venir a verlos”, le digo a Antonio Hurtado, mi fiel compañero. En el autobús vamos charlando de muchos temas, aunque la Vega, las vivencias en torno a ella, al territorio son nuestros temas preferidos. Me llevo buen sabor de boca de Loja. Más de veinte años, que sigan en pie, al principio a contracorriente, que tengan más tierras para sembrar, que sepan dar respuestas a cada problema… Más de veinte años es todo un éxito. Que sean muchos más, Pepe Aguilera y hermanos. Y que se extienda la experiencia por Loja y la comarca. Y, ojalá, las ventas de cercanía ganen terreno frente a la exportación.

Gracias IFAPA, Andrés, por brindarme la oportunidad de conocer “Huertas Bajas”, esas huertas por las que íbamos de adolescentes, metiéndonos por las acequias y hurtando alguna que otra fruta y, también hay que decirlo, ganándonos en alguna ocasión la regañina del guarda y la amenaza de hablar con nuestros padres… ¡Ay Loja! ¡Mi Loja! Fueron esas múltiples vivencias que se metieron dentro de mí las bases fundamentales para amar esta vega nuestra.


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