Jorge Álvarez. Ingeniero agrónomo jubilado con una amplia experiencia en las problemáticas y dinamización de la Vega de Granada
¿Sabías que la guerra de EEUU contra Irán afecta de lleno a los agricultores?
Pues sí; la interrupción de la ruta del estrecho de Ormuz, una de las principales, impide el paso de fertilizantes como la urea, el fósforo y el potasio. Eso ha encarecido enormemente los precios de éstos, afectando a la rentabilidad de las cosechas y la seguridad alimentaria.
¿Y qué hacemos? ¿Nos quejamos con los brazos cruzados?
¿Y si en los bosques españoles pudiera estar la solución para no depender del exterior? Serían soluciones de proximidad, de aprovechamiento de bienes que tenemos al lado. Me explico.
La fabricación de la urea depende del petróleo
Una aplicación de urea a un cultivo es, después de ser procesada por la biota del suelo, de acción casi inmediata, penetra por las raíces y entra en el metabolismo de la planta, pero en óptimas condiciones su mayor eficiencia es del 50% aproximadamente, el resto entre perdidas y transformaciones pasan al aire, toman otra estructura química, parte queda en el suelo, parte a formas inmóviles. No obstante, es un buen alimento para las plantas e incluso imprescindible para obtener cosechas que aseguren la supervivencia de la población. Pero, para su obtención pasa por procesos de fabricación que se sustenta en el uso del petróleo. Y España es deficiente en petróleo, compra en el exterior el 100% de este producto.
¿Y si nuestros bosques sustituyeran en parte a la demanda de fertilizantes?
España tiene bosques y consolida su posición como una de las grandes potencias forestales del continente. Según los últimos datos de Eurostat y la FAO, nuestro país se sitúa como el tercero más boscoso de la Unión Europea, con 18,5 millones de hectáreas de bosque, solo por detrás de Suecia (28 millones) y Finlandia (22 millones).(www.tiempo.com, del 5 de nov de 2025). Mñas allá del rendimiento económico, estas poblaciones vegetales requieren de un manejo bastante conocido y estudiado para evitar los incendios que anualmente suceden en distintos grados y lugares en la superficie antes mencionada. En estos momentos venimos de un invierno lluvioso, que propicia, no solo el crecimiento de los bosques, sino también una proliferación de las plantas adventicias, que requieren de podas, limpiezas, cortes etc. que determinan otra masa vegetal no utilizada.
La pregunta tonta es: ¿Qué pasaría si los ayuntamientos con bosques, hicieran la limpieza preventiva de su terreno, los estercolaran y se los vendieran a los agricultores?
Como se dijo al principio, la urea es de uso casi inmediato, pero el aporte de la materia orgánica en forma de estiércol es de mayor durabilidad y disponibilidad en el suelo. Y España, por su clima su relieve, el hábito, los tipos de suelos y otros factores concluyen en que los éstos tienen poca materia orgánica.
La aplicabilidad de los restos de la masa vegetal en forma de estiércol no solo tendría beneficios para los ayuntamientos implicados, se mejoraría el estado de los suelos y reduciría nuestra dependencia de la compra al exterior de derivados del petróleo, cuyo precio es sumamente dependiente de los conflictos en su área de producción.
Esta propuesta tiene múltiples beneficios
Veamos
– Serviría para no depender tanto del exterior
– No necesitaría petróleo sino bienes que tenemos a nuestro alrededor
– Es ecológica
– Anularía los grandes desplazamientos de transporte
– Impulsaría industrias comarcales creando así riqueza en el área de producción Por otro lado la lignificación de la madera extraída de las podas necesita de un iniciador para favorecer su compostaje, como por ejemplo las deyecciones animales en las granjas de las distintas producciones ganaderas.
Esta es una idea en que deben figurar las asociaciones del campo, la Banca, los Ayuntamientos, las Diputaciones, etc.
¿y si nos ponemos manos a la obra y hacemos realidad esta propuesta?