Granada por una Nueva Cultura del Territorio

¿Por qué proteger la Vega como Zona Patrimonial?

José Castillo. Profesor Titular Universidad de Granada Miembro de ICOMOS-España

Lunes 13 de diciembre de 2010 por Correos de la Vega

La Vega de Granada necesita una figura de protección de mayor estabilidad, permanencia y capacidad normativa. Por ello debería ser delaradala Bien de Interés Cultural bajo la tipología de Zona Patrimonial. Eso permitiría constituir un órgano de gestión unitario, autónomo y supramuncipal, -denominado Parque Cultural- para la zona declarada y poner en marcha planes y programas de dinamización, especialmente a través de la agricultura...

José Castillo Ruiz. Profesor Titular Universidad de Granada Miembro de ICOMOS-España

El día 14 de diciembre ICOMOS-España organiza (Parque de las Ciencias a las 10h.) un acto en defensa de la Vega de Granada, en el cual, este organismo internacional, que tiene entre sus responsabilidades principales asesorar a la UNESCO en materia de Patrimonio Mundial, se sumará a la propuesta de declaración de la Vega de Granada como Bien de Interés Cultural, Zona Patrimonial, que diferentes asociaciones, colectivos ciudadanos, instituciones y personas de toda España, agrupados a través de la Plataforma Salvemos la Vega, vamos a presentar en la Delegación de Cultura de la Junta de Andalucía.


"Es esta actividad (agrícola) la que ha conformado la mayoría de elementos patrimoniales que hoy identificamos en la Vega: la enorme variedad y riqueza de la arquitectura agraria, representada por las huertas y los cortijos; los vestigios de la malograda industria azucarera; los omnipresentes secaderos (verdaderos iconos de la Vega); la diversidad de especies cultivadas, los caminos, cañadas y demás vías de comunicación; la variabilidad temporal y diversidad de sus paisajes; el patrimonio histórico-artístico y arqueológico; la poderosa y diseminada presencia humana y poética de Federico García Lorca y, sobre todo, el sistema hidráulico de riego".


Aprovechando este relevante acontecimiento científico y ciudadano, quisiéramos exponer ante la sociedad granadina las razones que justifican esta protección, con la intención no sólo de concienciar sobre los extraordinarios valores culturales, naturales, sociales y económicos que atesora la Vega de Granada sino de disipar cualquier recelo anticonservacionista que pudiera despertar esta propuesta.

Los valores culturales y naturales, tanto materiales como inmateriales, que posee la Vega de Granada son de una extraordinaria diversidad y relevancia, aunque de difícil concreción y percepción ciudadana como lo demuestra la contradicción que supone que la Vega sea para la mayoría de granadinos – y viajeros a lo largo de la historia- uno de los espacios más representativos y simbólicos de la ciudad (junto con la Alhambra, el Albaicín y Sierra Nevada), de indiscutible y poderosa identidad, aunque, sin embargo, prácticamente desconocida e inaccesible para casi todos. Esta contradicción se explica por la naturaleza material y valorativa del patrimonio de la Vega, la cual no radica en la presencia de grandes emergencias monumentales sino en la difuminación por el territorio de los humildes, discretos, consuetudinarios, sostenibles y, sobre todo, auténticos vestigios creados por el verdadero elemento constitutivo y hacedor de la Vega de Granada: la actividad agraria. Es esta actividad, mantenida de forma continuada en el tiempo, especialmente desde época islámica, la que ha conformado la mayoría de elementos patrimoniales que hoy identificamos en la Vega: la enorme variedad y riqueza de la arquitectura agraria, representada por las huertas y los cortijos; los vestigios de la malograda industria azucarera; los omnipresentes secaderos (verdaderos iconos de la Vega); la diversidad de especies cultivadas a lo largo del tiempo sobre unos suelos aluviales de excelente fertilidad; los caminos, cañadas y demás vías de comunicación y tránsito; la variabilidad temporal y diversidad de sus paisajes; el patrimonio histórico-artístico y arqueológico; la poderosa y diseminada presencia humana y poética de Federico García Lorca y, sobre todo, el sistema hidráulico de riego, un intrincado entramado de elementos de captación y distribución del agua (donde sobresalen las interminables acequias) que ha posibilitado la construcción y mantenimiento del territorio de la Vega en cuanto soporte de la actividad agraria. Un sistema de riego que debemos calificar como de excepcional valor en cuanto que persiste desde época islámica con un altísimo grado de autenticidad e integridad, lo que nos permite equipararlo a otro territorio, en este caso urbano, de la misma época y autenticidad como es el Albaicín, declarado con todo merecimiento Patrimonio Mundial.


Es el caso (del traslado del Ferial al Cañaveral), cuya construcción supondría la destrucción de la Acequia del Jaquecillo, que extrae el caudal de la Acequia del Jaque del Marqués de Mondejar, así como huertas históricas como la Huerta de Peralta, Huerta de la Paloma, Huerta del Capitán, Huerta de la Mariana y Huerta del Pilar, situadas en los antiguos Pagos de Arabial Bajo y Arabial Alto; en definitiva, la destrucción inadmisible de un importante fragmento de territorio histórico de Granada y, con ello, del patrimonio inmaterial generado por la actividad agraria anulada.


Las amenazas y peligros que acechan a la Vega (muchos, serios, reales y de muy diverso tipo: construcciones ilegales, infraestructuras mal definidas y dimensionadas, crecimientos desmesurados de las poblaciones, abandono de la actividad agraria e introducción de usos incompatibles, etc.), en correspondencia con la naturaleza valorativa señalada de la Vega, no se suelen percibir como graves por la ciudadanía, en cuanto que no provocan la destrucción física de elementos monumentales de gran valía individual. Sin embargo, son actuaciones que van minando, alterando y arruinando el complejo sistema estructural y funcional que vertebra la Vega, el cual acabará por desestimarse por inviable (la sempiterna y falaz afirmación de que la agricultura en la Vega no tiene futuro es una de sus expresiones más conocidas), siendo sustituido por otros sistemas, por lo general, orientados a la prestación de servicios urbanísticos, industriales, residenciales o comerciales de la capital y en los que seguramente se mantendrán como pintorescos testimonios del pasado algunos restos aislados y descontextualizados de la Vega (algunos secaderos y cortijos, por ejemplo) completados con ingeniosos programas interpretativos sobre la forma de cultivar las habas. Por esta razón, proyectos como el Parque del Milenio en la Vega Sur o la posible ubicación del nuevo Ferial en la zona del Cañaveral frente al Hipercor son altamente destructivos y, por tanto, rechazables, ya que no respetan ni se integran en el histórico sistema de construcción territorial de la Vega, amparando y legitimando la implantación de estos otros modelos. Y eso al margen de que con su construcción se van a destruir vestigios materiales de la misma época y relevancia patrimonial que el trazado de las calles del Albaicín. Es el caso de la Innovación-Revisión del PGOU presentada por el Ayuntamiento de Granada para crear un Parque Urbano de Recreo (realmente el traslado del Ferial), cuya construcción supondría la destrucción de la Acequia del Jaquecillo, que extrae el caudal de la Acequia del Jaque del Marqués de Mondejar, así como huertas históricas como la Huerta de Peralta, Huerta de la Paloma, Huerta del Capitán, Huerta de la Mariana y Huerta del Pilar, situadas en los antiguos Pagos de Arabial Bajo y Arabial Alto; en definitiva, la destrucción inadmisible de un importante fragmento de territorio histórico de Granada y, con ello, del patrimonio inmaterial generado por la actividad agraria anulada.


Necesitamos una figura de protección de mayor estabilidad, permanencia y capacidad normativa... la vía adecuada para proteger la Vega de Granada sería declararla Bien de Interés Cultural... bajo la tipología de Zona Patrimonial, la cual permite... constituir un órgano de gestión unitario, autónomo y supramuncipal, -denominado Parque Cultural- para la zona declarada. Esto posibilitaría la elaboración de planes y programas de dinamización, especialmente a través de la agricultura...


Proteger la Vega resulta por tanto imprescindible, no para salvar de la destrucción aquellos elementos patrimoniales que podamos considerar singularmente muy relevantes (restos arqueológicos de almunias o alquerías, fábricas, cortijos históricos, etc.) sino para mantener y, sobre todo, activar el sistema compositivo de la Vega, es decir el sistema hidráulico de riego y, por encima de todo, la actividad agraria. Para ello, como lo demuestran las graves amenazas descritas, no son suficientes ni adecuados los sistemas de ordenación territorial actualmente vigentes (especialmente el POTAUG). Necesitamos una figura de protección de mayor estabilidad, permanencia y capacidad normativa. Por esta razón, consideramos que la vía adecuada para proteger la Vega de Granada sería declararla Bien de Interés Cultural (es decir, con el máximo nivel de protección, igual que el dispensado a la Alhambra y el Albaicín), bajo la tipología de Zona Patrimonial, la cual permite, según lo establecido en nuestra legislación de Patrimonio Histórico, constituir un órgano de gestión unitario, autónomo y supramuncipal, -denominado Parque Cultural- para la zona declarada. Esto posibilitaría la elaboración de planes y programas de dinamización, especialmente a través de la agricultura, aunque también de otros usos culturales, recreativos o turísticos compatibles con la misma, tal y como ya aparece recogido en una de las iniciativas más importantes de las emprendidas por la Plataforma Salvemos la Vega: el Plan para la dinamización integral y sostenible de la Vega de Granada.

Para finalizar, quisiéramos hacer un llamamiento a la sociedad no sólo a que se sume a esta iniciativa (sólo así será legítima y políticamente viable) sino a que no tenga miedo a que se instaure una figura de protección de estas características sobre la Vega de Granada, pues lo que se persigue no es otra cosa que garantizar el derecho de todos los ciudadanos a disfrutar de un espacio de una gran relevancia patrimonial y a ordenar su desarrollo futuro (que obviamente deberá tener) de una manera respetuosa con sus valores y naturaleza. Hoy sería inconcebible que el Albaicín no estuviera declarado BIC y que no existiera un control sobre la actividad urbanística del mismo. Dentro de unos años pensaremos igual de la Vega, ya con su declaración de Zona Patrimonial y con todos los instrumentos de gestión y ordenación propios perfectamente diseñados y aplicados. Pero para eso tenemos ineludiblemente que empezar ya, hoy mismo, y en ello todos tenemos una gran responsabilidad, en especial las administraciones públicas, sobre todo, la Consejería de Cultura.



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