Granada por una Nueva Cultura del Territorio
Un paseo por la Vega amenazada de Granada

Del Cañaveeral al Tamarit

Paco Cáceres. Correos de la Vega

Lunes 13 de junio de 2011 por Correos de la Vega

Alumnos y profeosres del Centro de Adultos San Matias-Realejo y los asistentes a las Jornadas sobre la Vega realizadas esta semana pasada han recorrido el mismo itinerario; desde el Cañaveral al Tamarit. En él se han visto paisajes de vega, el recorrido e historia de la acequia Gorda y el lugar lorquiano de la huerta del Tamarit. Hagamos el paseo en Otra Granada

Paco Cáceres. Texto y fotos (Perdonad, hoy no tocan las fotos desalentadoras)

Desde la ciudad entramos en la Vega, la primera observación que hacemos es cómo, ya en la rotonda de Méndez Núñez, a cien pasos de la Vega, ésta no se ve. El murallón que significó la circunvalación rompió el abrazo permanente, eso decía Alberti, de Granada con su Vega. La ciudad dejó pues de ver ese mar verde que tan bien describieron en sus escritos los viajeros románticos del siglo XIX, ¿os imagináis que Cádiz o Barcelona pusieran una muralla delante del mar, o si Sevilla o Zaragoza lo hicieran con sus ríos Guadalquivir y Ebro. Es un atentado visual, no vemos el paisaje, y a nuestra seguridad, ir a la vega es jugártela con el infernal tráfico de la rotonda. Lo curioso es que tuvo que ser un paisajista a alemán el que nos hiciera ver lo de la muralla. Afortunadamente aquí no va eso de “ojos que no ven…”, porque nos robaron la vista, pero no el sentimiento; más del 61% de los granadinos(en política, mayoría superabsoluta) siempre se oponen a que se destruya la vega.

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J. Carlos Romera nos habla de la acequia Gorda

Pasamos la rotonda y nos encontramos un paisaje deprimente; solar abandonado (donde suele ponerse el circo), más adentro una cas mastodóntica, ilegal y que desentona. Un poco más allá maquinarias y materiales de las obras del metro. Evidentemente esto no es vega ni es legal. El PGOU vigente del municipio de Granada dice que estos suelos son agrícolas o a regenerar como tales, sin embargo, el Ayuntamiento y la Junta de Andalucía permiten todo esto y más. ¿Cobra impuestos el Ayuntamiento al circo? ¿Cómo es posible que el dueño de los terrenos utilice un suelo de vega para especular, gane con ello y se vaya de rositas? ¿Cómo es posible que una obra de la Consejería de Obras Públicas de la Junta de Andalucía, el metro, ocupe terrenos de vega para usos que no son legales? ¿Quién vigila a los vigiladores? ¿Quién debe hacer cumplir la ley? ¿La Justicia? ¿Pues qué hace ésta con las denuncias de Ecologistas en Acción? Por si todo esto fuera poco, el Ayuntamiento quiere destruir una franja de catorce hectáreas (14 campos de fútbol) entre esa rotonda y el río Beiro, El capricho de Torres Hurtado. Él puede alegar que tiene mayoría absoluta (51,8 %), pero las encuestas reflejaron días antes de las elecciones que el 61,1% de los granadinos no quiere el ferial en la Vega.

Estos suelos abandonados son los que los medios de comunicación, constructores y gobernantes nos airean para decir que la vega está abandonada. La verdad es que tiene su efecto a las puertas de la ciudad, pero basta con un paseo de unos cien metros por el carril bici que desde esa salida de la rotonda se encamina hacia el río Genil para ver que todos los suelos colindantes están cultivados. Nos presentan pues un hecho aislado como la norma.

Y andando y andando llegamos a la acequia Gorda, que recorre Granada desde Cenes de la Vega (Asadero) de este a oeste. Allí nos espera José Carlos Romera, una de las personas que mejor conoce la vida de esta acequia. Nos narra historia, anécdotas, problemáticas, cultura, tierras que riega (unas 2000 hectáreas) y nos va mostrando repartidores, los tercios, los pozos y mil detalles más. Mientras habla miramos alrededor y vemos campos cultivados por todas partes; suelos muy ricos, con agua y que producen abundantemente, pero no sólo vemos economía; vemos paisaje, biodiversidad, medio ambiente, microclima, belleza, salud… Y todo eso, además, lo vemos como parte de nuestra identidad. Por si era poco, al fondo está la Sierra, más allá la Alhambra… Esto es Granada.

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La acequia entra en el molino de la Torrecilla

Seguimos la ruta y nos encontramos con algunos de los muchos ingenios (sederías, batanes, molinos…) que había a lo largo de la acequia Gorda en otros tiempos. Vemos dos molinos, uno más grande, el de la Torrecilla y otro más pequeño, el de Morente. Este último podemos apreciarlo mejor . Todo esto además está lleno de huertas, muchas de ellas llenas de macetas y plantas, con construcciones tradicionales y que resaltan por su belleza.

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El grupo está en una zona de partidores que distribuirán la acequia en tres partes

Hacemos otra parada en el camino para que José Carlos Romera siga llevando la acequia a nuestros conocimientos. Al lado hay un grupo de personas que está trabajando en huertos familiares. Charlamos con ellos. Quieren salir de la vida urbanita y sentir en sus manos la tierra fértil.

Además de los molinos, otra reliquia, los restos de un estanque en donde se metía el cáñamo para que se humedeciera y poderle sacar las fibras. Éste cultivo junto al lino, moreras (para el gusano de seda), remolacha azucarera y tabaco conforman los históricos de la Vega de Granada.

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En la huerta del Tamarit

Dejamos ya la acequia Gorda al lado de la rotonda del Neptuno, entubada ya hasta más allá del cuartel de las Palmas, y nos adentramos en el Callejón de los Nogales, en los tres paseos nos va cayendo el atardecer cuando nos encaminamos al lugar lorquiano. Una vez allí admiramos la sencillez de la huerta y hablamos de Clotilde García Picossi, la prima de García Lorca y dueña, que murió en 1987. En ella se inspiró el poeta para una escena de la Casa de Bernarda Alba, cuando el luto era una cárcel y Clotilde decidió un día, después de la muerte de su abuelo, estrenar su vestido nuevo delante de las gallinas del corral. “Que al menos me vean las gallinas”. Lorca idea que Adela, la hija menor de Bernarda “haga” lo mismo que su prima. También le inspiró para el argumento de Doña Rosita la soltera, si bien Clotilde dice que su historia no fue trágica ni igual a como la escribe el poeta.

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La acequia entre plantas de la huerta Sagrario

La huerta del Tamarit, lugar lorquiano donde la Junta ha pensado construir una carretera, a menos de veinte metros de la casa. Tan sólo por lo que decía Lorca debería conservarse este lugar; contaba a uno de sus amigos. “Fíjate que señas tan bonitas. El Tamarit. En el lugar del Faragüit. Granada”. Así es, un lugar con esos nombres nunca debería ser destruido para llamarle Vial de la Aglomeración Urbana nº 5. Carretera de enlace…. ¡Madre mía!

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Atardece en la Vega

Del Cañaveral al Tamarit, como la acequia, la vega riega nuestros corazones. ¡Ah! Cuando queráis lo repetimos.


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