Granada por una Nueva Cultura del Territorio
El movimiento en defensa de la Vega cumple quince años

Lo que aprendí de la Vega

Paco Cáceres. Coordinador de Salvemos la Vega

Domingo 2 de octubre de 2011 por Correos de la Vega

A lo largo del artículo, el autor desgrana las enseñanzas que le ha aportado la vega; la importancia del ser humano que forja ese espacio físico; el agricultor, sin el cual no se puede entender nada; las luchas como escuela de formación en la defensa del territorio, la importancia de la vega para los granadinos... Y muchas más enseñanzas.

A Concha López, a Miguel Ángel Molinero ; compañeros y amigos quince años día tras día.

Paco Cáceres. Coordinador de Salvemos la Vega

Fotos 1 y 2 José María García. 3,4,5 El autor del texto. 6 Salvemos la Vega

Fue ese verdor que crece con distintas tonalidades, aspectos y volúmenes, la combinación de colores, la luz que juega en las alamedas, la silueta de los cortijos con el sempiterno ciprés tocando cielo, esos campos de cultivo con hileras hechas con tiralíneas, las acequias creadoras y llenas de vida y biodiversidad, la Sierra al fondo, el Genil y el Dílar, la multitud de pájaros musicando el silencio, el caqui y el nogal de otoño, los olores, la tranquilidad del paisaje y los pueblos, y para mí, muy importante, el puente tendido en el tiempo entre estos espacios y los que marcaron mi niñez río y vega abajo, en Loja. Fue eso y ver a los agricultores en sus labores, a mis alumnos con sus bicis o por las alamedas haciendo chozajos o corriendo mientras caían las hojas... Sí, fue todo eso recién venido de una larga estancia en la campiña sevillana lo que me animo, nos animó, había otros que sentían lo mismo, a conocer a fondo la vega y a defenderla, de la barbarie que ya se barruntaba por Vegas del Genil, Cúllar Vega, Las Gabias... Y así; así fue como nacimos hace quince años.

Los agricultores forjadores de vega

Pero pasado el tiempo, cuando hago balance, descubro que de la Vega lo que mas me ha enamorado ha sido el ser humano, el sencillo agricultor, malmirado, que habla poco y siente mucho. Yo que vengo de familia más que humilde, huelo y admiro esa sencillez que contrasta con la vacuidad que nos rodea. Fue ya en nuestros primeros pasos y en las luchas forjadas en defensa de la Vega (Las Huertas, Vega Sur, Cañaveral...) donde en contacto con estas gentes comprendí que el centro de interpretación de la vega son los agricultores; sin ellos no se entendería nada. Recuerdo los encuentros con gente mayor en el cortijo de ,Anltonio Hurtado, El Niñillo donde salían tantas historias, claves, sacrificios y tanta sabiduría en la relación hombre-tierra que cuando miraba después la vega la veía -con mi pobre vista es un decir- con más claridad, la comprendía, sentía el elemento humano como la mano creadora de todo ese paisaje en el que aunque no se vea hay sudor, sufrimiento, entrega, y cómo no, un gran vínculo afectivo con la tierra. “Aprendí mucho más de mi padre, agricultor, que de la universidad”, nos dice con frecuencia el colega Manolo Cala. Quizás por ello, la foto más íntegra de vega y que más la retrata es la que hizo nuestro compañero José María García; esa mirada del anciano desde una esquina hacia la vega, aunque no se sabe quién mira a quien, quien agradece a quien. El ser humano protagonista, bella historia cuando hoy sólo son protagonistas los mercados.

Las luchas escuelas de formación

Y así, vivencia a vivencia, en tareas y actividades, y en mil encuentros y paseos fue como la vega llegó a ser parte de mí, de nosotros. Pero fue en las luchas donde más aprendí y aprendimos; ahí, juntas las gentes más activas del territorio (agricultores y Salvemos la Vega) guiándonos muchas veces por el instinto, dándolo todo, sabiendo que no podíamos fallar, caminando unidos. Llegas a la conclusión de que cada lucha ha sido una escuela de formación en la que un núcleo ha adquirido una fuerte conciencia de identidad con el territorio defendido y se ha convertido en el elemento dinamizador del mismo. Porque en ese proceso no sólo te planteas; ¿cómo podemos defender esta vega amenazada?, también asoma el sueño, la creación, lo mejor de nosotros mismos a través de la pregunta; ¿qué tenemos que hacer para que la vega sea fuente de riqueza, trabajo y disfrute? Y ya se habla de la agricultura ecológica, el cooperativismo, otra forma de ver la economía, otra producción, las semillas tradicionales, la sabiduría de los mayores llevada a los niños. Escuela de formación, de reflexión, de organización y, muy claro, también de amistad, de afecto. ¡Cuántos amigos hemos hccho en el camino! Pero todo esto lo ves y lo valoras cuando pasan los años y miras para atrás; de no haber conciencia de vega, de no conocernos tan siquiera, con las luchas en cada territorio se forjó y asentó el núcleo humano motor de la defensa y dinamización del mismo.

Un reto; sacar a la agricultura del papel de cenicienta

Quizás una de las primeras cosas que aprendí es a mirar integralmente la vega; igual que una persona es su pelo, andares, carácter o aficiones... todo junto, la Vega es el espacio físico, agricultura-economía, paisaje, medio ambiente, identidad o cultura e historia juntos, inseparables. Y el ser humano, ahí, dándole unidad a todos esos elementos. Por eso la defensa de la vega no es cosa de ecologistas, también lo es de agricultores, de la cultura, del enamorado de Granada... Pero dentro de ese todo hay un motor imprescindible que hace posible la vega; es la agricultura, el agricultor. Sin actividad agraria (economía al fin y al cabo) no existiría la vega. Y si esta actividad no da para vivir, la Vega peligra. Por eso los defensores de ésta tenemos el reto de quitar el papel de cenicienta asignado a la agricultura y trabajar por el reconocimiento social del trabajo del agricultor, que no solo produce, también crea paisaje, salud, identidad. Este reconocimiento implica dinamizar la vega, cambiar el modelo y que el agricultor pueda vivir dignamente de su trabajo.

Identidad granadina

Una especificidad da una de las claves y que no se da en otros lugares que tienen vega; me refiero a la identidad histórica que siempre ha tenido la población granadina con su vega y que se muestra en las encuestas, en las que los ciudadanos dicen siempre de forma abrumadora que la Vega ha de conservarse. La lectura que podemos hacer es que la vega es agricultura, pero también tiene un fuerte componente cultural; su patrimonio agrario, su paisaje en el que se inspiran poetas y pintores, el trazado medieval de las acequias (con la misma importancia que las calles del Albayzín, nos recuerda nuestro compañero José Castillo), su gastronomía... No hay duda, la Vega es algo más que agricultura y así es sentida por los granadinos

Lo doloroso; la Vega corre peligro

No todo son colores vivos, existe el gris, el hachazo, de él sacamos la enseñanza más dolorosa; la vega está en permanente peligro; antes con la orgía urbanística que vivimos, y con la que sueñan aún gobernantes municipales que recalifican mucho suelo esperando que vuelvan aquellos tiempos. Ahora son las grandes infraestructuras -carreteras- y proyectos como el parque Vega Sur -parece que afortunadamente reconvertido- o el ferial de Granada en el Cañaveral los que entre otros amenazan a la Vega. El peligro lo lleva el alma del modelo de desarrollo, que ve el territorio como una mercancía en venta, donde la vega, el medio ambiente, la belleza de la ciudad y el propio ser humano no pueden ser obstáculos para que unos cuantos hagan negocios. Una cosa hay que tener muy clara; el mismo modelo que destruye la vega es el que expulsa de las calles a ancianos y niños para entregárselas a los coches, el mismo modelo que abandona los ríos es el que habla del cierre del anillo (la soga al cuello de Granada). El mismo modelo actúa sobre la Vega y Granada y sus pueblos. Y ya que estamos enfrascados hablo de nuestra experiencia con los gobernantes; seré breve; tuvimos mala suerte en esta tierra con éstos, nunca vimos sensibilidad con la vega, con el territorio, ni valentía para apostar por otro modelo. Siempre fueron demasiado obedientes al dinero y a Sevilla, desde donde no se ve la Vega. Eso sí, descubrimos que tenían dos manos; con una firmaron manifiestos en defensa de la Vega, con la otra la recalificación urbanística de ésta. En justicia, se salva alguno, muy, muy pocos. De todas formas tenemos un reto; acercarnos más a las instituciones para llevarles todas nuestras propuestas.

Aprendimos a sumar y a elaborar alternativas

Hablemos ahora de matemáticas, hemos aprendido a consensuar, a ir juntos agricultores, comunidades de regantes, técnicos, movimiento en defensa de la vega, colectivos de distinto tipo, profesores... En suma, aprendimos a sumar, a conformar una base social viva y sólida en la defensa y dinamización de la vega; es la escuela de aprendizaje de la que hablé antes y que aborda los problemas de la agricultura, organiza jornadas, encuentros, rutas por las acequias y la vega... Y todo esto da fruto; las alternativas para proteger la Vega -Sitio Histórico primero y Zona Patrimonial después-, dinamizarla -Pacto Granadino por la Vega y posteriormente Plan de Dinamización de la Vega de Granada- o alumbrar otro modelo de territorio -Granada vista con ojos sostenibles-. Todas estas alternativas y argumentaciones han sido difundidas en manifiestos, artículos de prensa, Correos de la Vega, otragranada.org, vegadegranada.es... Hemos recorrido camino y lo seguimos haciendo.

Aprendimos más cosas

He aprendido, hemos aprendido más cosas, por ejemplo la rica vida que hemos descubierto a través de investigaciones sobre juegos populares, relatos, recetas de cocina, anecdotario sobre el río Dilar, etc., etc. Han sido quince años de lucha y de experiencias y eso da para mucho. Y en esos años también ha habido una gran riqueza humana dentro del propio movimiento en defensa de la Vega. Permitidme que haga un reconocimiento público de la labor de todas aquellas personas y colectivos que durante ese tiempo o parte de él dieron lo mejor de sí mismos por la vega. Tuve la suerte de compartir con todos ellos y de enriquecerme con sus puntos de vista.

Las gentes de la Vega

Quiero ir acabando con algo que decía al principio, la vega es sobre todo el ser humano que la trabaja, el contacto del hombre con la tierra, que es un hecho económico, una profesión, pero es una relación mucho más profunda, por eso los agricultores nunca se jubilan de su trabajo. La vega es el ser humano (“La Tierra es el hombre que anda, que ama”, decía Yupanqui recogiendo las enseñanzas ancestrales indígenas); agricultores, colectivos, gente de la cultura, ecologistas, buena gente... Las gentes de la Vega, que dice nuestro Alberto Matarán.

"No puedo vender el cortijo"

Pero la Vega no podemos ser los que han estado, o estamos ahora; tenemos el deber y el compromiso de que también sean los que vengan después de nosotros. Aprendimos e interiorizamos el dicho africano; la Tierra no es una herencia de nuestros abuelos, es un préstamo que nos hacen nuestros nietos. Esto siempre lo tenemos presente y nos guía en el camino. Y cala, vaya si cala. Nos decía Antonio Hurtado; “vinieron a comprarme la tierra y el cortijo y le dije que no podía venderlo, que no era mío”. El comprador, que conocía a Antonio desde siempre exclamó; “¡Anda ya!, ¡me vas a engañar, tú a mí! Esto es tuyo, sino de quién va a ser”. “De mis nietos”, contestó Antonio. El comprador quedó confundido, Antonio orgulloso de su respuesta.

Quince años después mi certeza y mi esperanza van juntas; la Vega de Granada tiene un gran futuro; lo haremos realidad con nuestro trabajo colectivo.


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