Granada por una Nueva Cultura del Territorio

¿Tú hablas con la tierra?

Cuadernos Campesinos. Diálogos con la Vega. Antonio Hurtado “El Niñillo” nos pasea por diciembre -1-

Miércoles 12 de diciembre de 2012 por Veguita de Graná

Diciembre. continuamos con las tareas del campo. Remover, podar... ¿hablan los agricultores con la tierra? ¿Cuáles son los momentos malos y buenos en la agricultura...? ¿Quienes desprecian la agricultura...? Antonio Hurqado sigue enseñándonos. Este diciembre tiene una segunda parte que titulamos; "En el Palacio de Congresos estaba la huerta Toledo. ¡Qué frutales!"
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Diciembre. Remover la tierra para sembrar en enero las papas

Reportaje Paco Cáceres contacto: veguitadegrana@gmail.com

Antonio, tenemos que hacer lo de diciembre, que el mes vuela. Fijamos una cita. Como siempre empezamos a hablar de todo un poco. Yo cojo el boli y las cuartillas y empiezo a escribir sus palabras... Prefiero comerme una manzana que esté con una botana que otra que tenga buena presencia porque le hayan dado brillo. ¿Qué es una “botana” Antonio? ¿No has escuchado nunca decir “tienes más botanas que un membrillo? Pues eso". Deduzco que son las mijillas que le salen y que “afean” la imagen de la fruta. Y ya al hilo de este comentario, Antonio me cuenta; tengo unos amigos en Almería que tienen un invernadero. Estando allí con ellos, la mujer le dijo a este amigo; “tráete una poca de verdura que no queda en la casa”. En el invernadero había unas hortalizas y verduras que se metían por los ojos del buen aspecto que tenían. Cuando ya nos íbamos y mi amigo iba a cerrar el invernadero, le dije; “te dijo tu mujer que le llevaras un poco de verduras” “Ya”, me dijo él, “pero yo se la llevo de un bancal que tengo más allá. No tienen el mismo aspecto, pero no saben lo que es la química. En el invernadero estoy todo el día con la máquina de sulfatar... Prefiero las otras que no les echo nada” Antonio enlaza su relato con su vivencia; A mí no me gusta sulfatar ni con ecológico. No me gusta echarle nada. A veces he comprado un producto y me he arrepentido después y no lo he utilizado. Es que, sabes, después me paso varios días mal porque pienso que no tenía que echarle nada a la planta.

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tienes más botanas que un membrillo

Hace ya bastantes años compramos papas para sembrar, venían de Alemania. Cuando las preparé para sembrarlas vi unos escarabajos, pero bueno, dijimos, qué bichos tan raros, pero no le dimos importancia. Pero cuando aquello dijo de poner huevos; ¡cuánto bicho! ¿Cómo combatir esa plaga? Como teníamos pocas papas sembradas, mi padre me mandó a matar escarabajos. Estuve varios días quitando escarabajos mata a mata, de forma manual. Al poco, los mismos alemanes que vendían las papas. vendían el producto que los mataba... Antes en la Vega había muchas papas. En los años cincuenta y sesenta se cultivaba mucha remolacha, lino y cáñamo, pero se acabaron estos tres productos y quedaron las papas. La remolacha daba mucho trabajo, pero cerraron Santa Juliana y las otras azucareras y había que llevarlas a Sevilla y, claro, ya no era rentable.

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Recogida de aceitunas. Publicado en blog de Juan Herrador

Las labores de diciembre

Antonio, ¿la tierra para alguna vez? El campo nunca está parado, a pesar de los fríos. Ahora en este mes se siembra trigo, cebada, avenate para forraje y se pueden sembrar lechugas, pero las castellanas, que son las que aguantan. Las maravillas de verano son más delicadas y se hielan. En este mes también se mueve la tierra y se echa estiércol para que en enero o febrero, depende del tiempo que haga, se siembren las papas. Además: ¿cómo va a descansar la tierra si no paramos de mover la boca? Por eso hay que estar sembrando siempre. Eso sí, yo voy dejando en barbecho de verano porque es bueno que a la tierra le dé el sol. Después se forman unos terrones, luego les caen unas gotas, después le paso la grada de disco y la tierra se queda blanda, como hecha harina. Y es que la tierra, como tú, como yo, necesita unas vacaciones de vez en cuando.

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Tiempos de poda de las viñas y de los frutales. Pronto despierta la savia

Ahora en este tiempo también se empieza a coger la aceituna y a podar las viñas y los árboles frutales, porque ya para el mes que viene, a los árboles tempranos empieza a llamarlos la savia.

Antonio; ¿tú hablas con la tierra?

Escucho a Antonio y me quedo maravillado, es lenguaje nacido de la propia tierra, de su larga experiencia dialogando con ella... Hace tiempo quería hacerle una pregunta a Antonio, pero nunca me atreví. Ahora, que con muchos riegos nuestra amistad crece, lo miro a los ojos y le digo; Antonio, lo mismo me dices que estoy loco, pero... ¿¿Has hablado alguna vez con la tierra...? Son escasos segundos entre mi pregunta y su respuesta, pero ese pequeño silencio me hace pensar si me pregunta fue acertada... ¡Pues claro que sí! Yo le hablo a la tierra y a las plantas. Le digo si se han portado bien, y a las plantas les digo; “¡Hombre, tira p’alante y dame buenos frutos...!” Y es que como estoy solo, pues hablo con ellas. Me acordé de mi amigo Jorge Álvarez cuando nos dijo a Pepe Castro, Javier Egea y a mí; “la tierra siente. Sí, sí, la tierra siente y tiene memoria”, y desgranó con argumentos, para mí muy válidos, sus afirmaciones... Antonio, ¿la tierra siente? Yo creo que sí, y las plantas, y los animales. Lo que pasa es que las plantas están “agarrás” a la tierra y pensamos que no sienten., ¡Pero claro que sienten! Yo estoy convencido de que les hablas y te oyen. Fíjate, una vez entre el maíz vi cuatro o cinco lechugas hermosas, muy hermosas, que se criaron solas y yo no lo sabía. Entonces me acerque y les dije; “¡Cucha tú! ¡Chiquillas qué guapas sois! ¡Y qué pena! Os habéis criado aquí sin el calor de nadie. Las cogí y las puse allí al lado y las vi hasta agradecidas por no haber sido aplastadas por la máquina que iba por medio del maíz. Eso me pasó otra vez con calabazas, habían crecido solas entre el maíz y había calabazas que pesaban 20 kilos.

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¡Cucha tú que lechugas!

Buenos y malos ratos con la agricutura

La agricultura tiene ratos malos, pero también buenos. Yo disfruto haciéndole las faenas a las plantas, y ellas te lo agradecen. Las plantas son como los niños, hay que cuidarlas.

Antonio, dime algún momento malo en tu labor de agricultor. Cuando lo paso peor es cuando hay escasez de agua. Un mes de diciembre tenía yo un trigal y no le había caído ni una gota de agua. Estaba en lo que hoy son las cocheras de la Robert al final de la avenida Dílar. Yo lo pasaba mal al ver el trigo sequito. La dula donde estaba era grande y este trigo estaba al final, total, que no le llegaba agua. Por eso, estaba yo con la cosilla, y el día de Nochebuena me fui a ver si podía regar. Eran las una de la mañana y yo escuchaba a la gente cantar por el Zaidín. Hacía mucho frío, pero empalmé una poca de agua y conseguí regar. Cuando terminé estaba helado y no podía ni salir de allí porque aquello no estaba como está ahora con la ronda sur y todo eso. Al final llegué muerto de frío. Por la mañana el trigal era un campo de hielo blanco, se había helado con la escarcha. Bueno, pero aguantó y después llovió por febrero y salió un trigo muy bueno. Lo pasé mal, pero la cosa salió bien.

¿Y lo agradable del campo? Pues eso, cuando salen buenos frutos. Eso te llena.

Cambiamos de tercio. Antonio. ¿Quién crees que le hace daño a la agricultura? Calla un momento y suelta; los gobernantes, todos los gobernantes. Nunca la han protegido. Nunca en la vida le han dado a la agricultura el mérito que tiene. A mí me gusta La agricultura, por eso la defiendo. Yo he trabajado en otras cosas, en albañilería, incluso he estado en Alemania trabajando y ganaba dinero, pero me daba igual, yo me acordaba de esto y quería venirme. Además es más sano. Si estás con la agricultura siempre tienes algo que llevarte a la boca. Esta Vega nos ha quitado muchas hambres, pero que muchas hambres.

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Antonio Hurtado en la Vega Sur

Antonio respira sencillez, bondad. Su universidad ha sido la agricultura, la Vega de Granada de la que tanto nos habla. Su testimonio, sus enseñanzas, su propia vida, dignifican el campo, elevan el papel de la agricultura al lugar donde tenía que estar. Esa cultura campesina, que ni los gobernantes, ni la sociedad, entienden. Recuerdo las palabras de Atahualpa Yupanqui, que rescató del pensamiento indígena; “el hombre es la tierra que anda, que ama, que tiene sentimientos...” Hoy diríamos el ser humano. ¡Qué lejos estamos de esa definición! Ojalá que con Antonio, con los cuadernos campesinos y diálogos con la Vega, podamos ir cambiando nuestra mentalidad y acercarnos más a nuestros territorios, a su valores, y a todos esos campesinos que son los que saben hablar con la tierra y dignificar la agricultura.

Segunda parte cuadernos campesinos. Diálogos con la Vega diciembre: Titulo: En el Palacio de Congresos estaba la huerta Toledo. ¡Qué frutales!


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